MOITACO. Municipio Sucre, estado. Bolívar. Foto José T. Águila
viernes, 18 de junio de 2010
Esfervescencias y Despertares
Hay que empezar por definir. Cuál cultura, cuál transición. Hablamos desde un contexto socio-histórico particular y queremos hacerlo no desde una perspectiva académica sino vivencial. Hablamos desde Venezuela, año 2010, viviendo lo que hemos denominado la transición hacia el socialismo, una utopía, un engendro, un caos, una oportunidad para aprovechar(se), un reacomodo del capitalismo, una imposibilidad, un sueño, una necesidad, una reivindicación, una búsqueda, un encuentro, una intención, una proclama.
Esa transición nos confunde a todos, nos hace encontrarnos con lo mejor y lo peor de nosotros y de los otros. La ganancia es que cada día son menos los apáticos, los que no opinan, aquellos formados para no cuestionar y que no cuestionaron ni cuestionan, esos, los más funcionales para el capitalismo, han comenzado a faltar a su aprendido destino aunque sea por la rabia, el miedo, la desazón, la incertidumbre. La esperanza es que el estímulo socio-cultural que ha significado Hugo Chávez para este pueblo, chavistas y no chavistas, no sea como la droga L-dopa que le daba el Dr. Sayer a los pacientes catatónicos en la película Despertares (P.Marshall 1990), un paliativo transitorio, que desaparezca y nos vuelva a dejar catatónicos, pasivos, conformes, sin visión de futuro y, en el mejor de los casos, añorando el pasado.
El reto es hacer de esa esfervecencia el camino hacia la trascendencia, mantener la activación de la conciencia de lo que somos y de lo que queremos ser, aún cuando cada quien fije su mirada en objetivos distintos. Como quiera que sea, a estas alturas, ni el más empedernido escuálido puede ignorar ahora que las trasnacionales tienen intereses distintos a los de los países donde operan, ni que el imperialismo yanqui está lleno de contradicciones, de odio y de muerte, que la iglesia católica está perdiendo razones para mantener su estructura actual, que las leyes tienen trasfondo político y no necesariamente son justas, que toda la educación es ideologizante, que el trabajador si no controla los medios de producción está enriqueciendo a otros. Es cosa de ellos pensar que no es necesario transformar esas realidades, que es mejor trascender tratando de formar parte de la élite a través del consumismo, la explotación, la competencia, el elitismo, la exclusión, la intolerancia, el libre mercado que sustituye a la libertad.
Pero en la defensa de esos pseudovalores también contribuyen a la esfervescencia, a que los otros no estemos tranquilos, catatónicos. Que busquemos el modo, la manera, la vía para salir de la transición de llegar a la meta, combatiendo al escuálido que el capitalismo sembró en nosotros y que lucha por exhibirse en el evento cotidiano, en el no saludo, en el coleado, en el vivo, en el corrupto, en el venezolano que no queremos ser.
Esa transición nos confunde a todos, nos hace encontrarnos con lo mejor y lo peor de nosotros y de los otros. La ganancia es que cada día son menos los apáticos, los que no opinan, aquellos formados para no cuestionar y que no cuestionaron ni cuestionan, esos, los más funcionales para el capitalismo, han comenzado a faltar a su aprendido destino aunque sea por la rabia, el miedo, la desazón, la incertidumbre. La esperanza es que el estímulo socio-cultural que ha significado Hugo Chávez para este pueblo, chavistas y no chavistas, no sea como la droga L-dopa que le daba el Dr. Sayer a los pacientes catatónicos en la película Despertares (P.Marshall 1990), un paliativo transitorio, que desaparezca y nos vuelva a dejar catatónicos, pasivos, conformes, sin visión de futuro y, en el mejor de los casos, añorando el pasado.
El reto es hacer de esa esfervecencia el camino hacia la trascendencia, mantener la activación de la conciencia de lo que somos y de lo que queremos ser, aún cuando cada quien fije su mirada en objetivos distintos. Como quiera que sea, a estas alturas, ni el más empedernido escuálido puede ignorar ahora que las trasnacionales tienen intereses distintos a los de los países donde operan, ni que el imperialismo yanqui está lleno de contradicciones, de odio y de muerte, que la iglesia católica está perdiendo razones para mantener su estructura actual, que las leyes tienen trasfondo político y no necesariamente son justas, que toda la educación es ideologizante, que el trabajador si no controla los medios de producción está enriqueciendo a otros. Es cosa de ellos pensar que no es necesario transformar esas realidades, que es mejor trascender tratando de formar parte de la élite a través del consumismo, la explotación, la competencia, el elitismo, la exclusión, la intolerancia, el libre mercado que sustituye a la libertad.
Pero en la defensa de esos pseudovalores también contribuyen a la esfervescencia, a que los otros no estemos tranquilos, catatónicos. Que busquemos el modo, la manera, la vía para salir de la transición de llegar a la meta, combatiendo al escuálido que el capitalismo sembró en nosotros y que lucha por exhibirse en el evento cotidiano, en el no saludo, en el coleado, en el vivo, en el corrupto, en el venezolano que no queremos ser.
lunes, 14 de junio de 2010
Nacimiento
Conocer, expresar, compartir, razones suficientes para el nacimiento. La necesidad y la inquietud de enriquecernos y de enriquecer un debate viejo pero necesario: Cultura qué, para qué, por qué. Como forma de vida, como historia, como apariencia, su cambiante dinámica nos hace caer en cuenta de lo transitorio y nos permite aprovecharnos de lo permanente. Conocer esa dinámica es obviamente mucho más fácil que controlarla. Ese control lo tiene el que puede, entonces cultura y poder van íntimamente ligados, pero por dialéctica cultura y resistencia también forman un par necesario. Explorar con las ideas terrenos poco firmes como aquellos donde se adentra la necesidad de comprensión sobre los procesos de transición de la sociedad y la cultura, es otra de las razones de este nacimiento. Aún inacabado, este bosquejo de espacio para la reflexión sobre la cultura en tiempos de transición se ofrece para todo aquel que necesite de esa exploración para mantener con interés una práctica transformadora de la realidad.
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